sábado, 21 de abril de 2012

Narracion


Un viaje fantástico


Un caluroso verano del año 2002 una aventura comenzaría, partiría de la ciudad de La Paz Baja California Sur hacia la Ciudad de México, para ahí abordar ese monstruo gigante volador con destino a Madrid, España, ahí comenzó todo, los nervios nos inundaban, tanto a mis padres como a mí, a ellos porque era la primera vez que me dejarían de ver por un largo tiempo y a una distancia muy grande y a mi por la incertidumbre de lo que me esperaba. Una vez en el avión todo era nuevo, emocionante, cientos de personas allí adentro, para mi algo realmente nuevo y asombroso, pasaron las horas entre películas y charlas con nuevas amistades, transcurrido el vuelo mi corazón se aceleró, era una ciudad enorme para mi, gente y aires distintos a los que conocía, personas encargadas de nuestro grupo muy amables y dispuestas a mostrarnos el mundo que no conocíamos. Del aeropuerto nos transportamos a una belleza arquitectónica muy antigua, era un hermoso castillo, me sentí como la princesa de los cuentos, algo realmente fantástico, en el había cientos de antigüedades todas atractivas y misteriosas. La primera disposición después de nuestra instalación fue bajar al comedor, donde nos esperaba un gran banquete de bienvenida, con platillos exquisitos al paladar. Al caer la noche nos esperaba una gran fogata, en donde nos encontrábamos todos conviviendo y compartiendo nuestras culturas y formas de pensar, pero sobre todo la gran atmosfera de la esperanza que teníamos puesta en los futuros días de nuestra estancia ahí.

A la mañana siguiente el comienzo de una gran rutina se hizo presente, limpiar los cuartos, bajara y desayunar, a medio día las actividades podían variar, ya que podíamos elegir entre diversas actividades, mis favoritas eran las manualidades y las caminatas por los alrededores del castillo en las cuales aprendíamos desde botánica hasta geografía. Por la tarde nos reuníamos después de la comida para hacer juegos o para disfrutar de la refrescante alberca, en la cual me sentía tan libre y llena de paz, era mi parte preferida del día y por la noche podíamos elegir entre hacer una fogata o jugar a campo abierto en la oscuridad de la noche. Los fines de semana la rutina daba un giro emocionante, pues salíamos del castillo y visitábamos los lugares mas hermosos de España, entre ellos hay un lugar que recuerdo perfectamente tal como si estuviera en este momento ahí, era un pueblo muy pintoresco, con habitantes muy amables, sus calles empedradas parecían laberinto, mas no importaba salir de ahí, solo importaba descubrir que me esperaba al doblar la siguiente esquina, lugares muy bonitos pero sobre todo paisajes increíbles, me parecía irreal estar ahí viviendo eso, solía sentarme y hundirme en ese verde de matorrales y grandes árboles y desde ahí observar el inmenso cielo azul lleno de esponjosas nubes blancas que me envolvían como si en ese momento no existiera mas que eso, era una sensación que pocas veces en mi vida me ha llenado. Visitábamos lugares mas urbanizados, entre ellos una gran plaza con una escultura monumental en su centro y alrededor de ella gran cantidad de locales, en muchos de ellos podías encontrar recuerditos alusivos a la cultura de ese país, entre gente amable, plazas urbanizadas, tardes de alberca refrescantes, juegos en campo abierto, deliciosos banquetes, pero sobre todo paisajes relajantes, que me llenaban de paz y que ahora recuerdo con mucho cariño.

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