Un
viaje fantástico
Un caluroso verano del año
2002 una aventura comenzaría, partiría de la ciudad de La Paz Baja California
Sur hacia la Ciudad de México, para ahí abordar ese monstruo gigante volador
con destino a Madrid, España, ahí comenzó todo, los nervios nos inundaban,
tanto a mis padres como a mí, a ellos porque era la primera vez que me dejarían
de ver por un largo tiempo y a una distancia muy grande y a mi por la
incertidumbre de lo que me esperaba. Una vez en el avión todo era nuevo,
emocionante, cientos de personas allí adentro, para mi algo realmente nuevo y
asombroso, pasaron las horas entre películas y charlas con nuevas amistades,
transcurrido el vuelo mi corazón se aceleró, era una ciudad enorme para mi,
gente y aires distintos a los que conocía, personas encargadas de nuestro grupo
muy amables y dispuestas a mostrarnos el mundo que no conocíamos. Del aeropuerto
nos transportamos a una belleza arquitectónica muy antigua, era un hermoso
castillo, me sentí como la princesa de los cuentos, algo realmente fantástico,
en el había cientos de antigüedades todas atractivas y misteriosas. La primera disposición
después de nuestra instalación fue bajar al comedor, donde nos esperaba un gran
banquete de bienvenida, con platillos exquisitos al paladar. Al caer la noche
nos esperaba una gran fogata, en donde nos encontrábamos todos conviviendo y compartiendo
nuestras culturas y formas de pensar, pero sobre todo la gran atmosfera de la
esperanza que teníamos puesta en los futuros días de nuestra estancia ahí.
A la mañana siguiente el
comienzo de una gran rutina se hizo presente, limpiar los cuartos, bajara y
desayunar, a medio día las actividades podían variar, ya que podíamos elegir entre
diversas actividades, mis favoritas eran las manualidades y las caminatas por
los alrededores del castillo en las cuales aprendíamos desde botánica hasta geografía.
Por la tarde nos reuníamos después de la comida para hacer juegos o para
disfrutar de la refrescante alberca, en la cual me sentía tan libre y llena de
paz, era mi parte preferida del día y por la noche podíamos elegir entre hacer
una fogata o jugar a campo abierto en la oscuridad de la noche. Los fines de
semana la rutina daba un giro emocionante, pues salíamos del castillo y visitábamos
los lugares mas hermosos de España, entre ellos hay un lugar que recuerdo
perfectamente tal como si estuviera en este momento ahí, era un pueblo muy
pintoresco, con habitantes muy amables, sus calles empedradas parecían laberinto,
mas no importaba salir de ahí, solo importaba descubrir que me esperaba al
doblar la siguiente esquina, lugares muy bonitos pero sobre todo paisajes increíbles,
me parecía irreal estar ahí viviendo eso, solía sentarme y hundirme en ese
verde de matorrales y grandes árboles y desde ahí observar el inmenso cielo
azul lleno de esponjosas nubes blancas que me envolvían como si en ese momento
no existiera mas que eso, era una sensación que pocas veces en mi vida me ha
llenado. Visitábamos lugares mas urbanizados, entre ellos una gran plaza con
una escultura monumental en su centro y alrededor de ella gran cantidad de
locales, en muchos de ellos podías encontrar recuerditos alusivos a la cultura
de ese país, entre gente amable, plazas urbanizadas, tardes de alberca
refrescantes, juegos en campo abierto, deliciosos banquetes, pero sobre todo
paisajes relajantes, que me llenaban de paz y que ahora recuerdo con mucho
cariño.
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